Degeneración Macular Asociada a la Edad: Cuando la Visión Central se Desvanece
- Carlos Martínez Armenta
- Mar 11
- 4 min read
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) representa la principal causa de pérdida severa de visión en personas mayores de 60 años en países desarrollados. Esta condición afecta la mácula, una pequeña área situada en el centro de la retina responsable de la visión central detallada que utilizamos para actividades como leer, reconocer rostros o conducir. A diferencia de otras patologías oculares, la DMAE no provoca ceguera total, pero puede deteriorar significativamente la calidad de vida al comprometer la visión necesaria para tareas cotidianas.
El proceso degenerativo: envejecimiento celular en la retina
La DMAE es un claro ejemplo de cómo el envejecimiento celular afecta órganos específicos. En la retina, particularmente en la mácula, se produce una compleja interacción de factores celulares y moleculares:
Acumulación de drusas: Estos depósitos amarillentos de material extracelular se acumulan entre la membrana de Bruch y el epitelio pigmentario de la retina (EPR). Las drusas contienen lípidos, proteínas y componentes del complemento inmunológico, y su presencia es uno de los primeros signos de DMAE.
Daño oxidante: La retina es especialmente susceptible al estrés oxidante debido a su alto consumo de oxígeno, exposición a la luz y abundancia de ácidos grasos poliinsaturados. Este daño oxidante contribuye a la muerte de fotorreceptores y células del EPR.
Inflamación crónica: Con el envejecimiento, se activa una respuesta inflamatoria de bajo grado en la retina. El sistema del complemento, parte de la respuesta inmune innata, parece jugar un papel crucial en la patogénesis de la DMAE.
Alteraciones en el epitelio pigmentario: Las células del EPR, fundamentales para la nutrición y eliminación de desechos de los fotorreceptores, sufren cambios degenerativos con la edad, comprometiendo sus funciones esenciales.
Angiogénesis patológica: En la forma húmeda o neovascular de la DMAE, se produce un crecimiento anormal de vasos sanguíneos desde la coroides hacia la retina, causando fugas de líquido y sangre que dañan rápidamente la mácula.
Tipos de DMAE: seca y húmeda
La DMAE se clasifica en dos formas principales:
DMAE seca (atrófica): Representa aproximadamente el 85-90% de los casos. Se caracteriza por la atrofia gradual del EPR y los fotorreceptores. Su progresión es lenta, desarrollándose a lo largo de años o décadas. Actualmente, no existe un tratamiento aprobado específico para detener su avance.
DMAE húmeda (neovascular): Aunque solo constituye el 10-15% de los casos, es responsable de aproximadamente el 90% de los casos de pérdida severa de visión por DMAE. Se desarrolla cuando crecen vasos sanguíneos anormales bajo la retina que pueden sangrar o filtrar líquido, dañando rápidamente la mácula. Sin tratamiento, puede causar pérdida irreversible de visión en semanas o meses.
Factores de riesgo: genética y ambiente
La DMAE tiene una etiología multifactorial donde interactúan componentes genéticos y ambientales:
Factores de riesgo no modificables:
Edad avanzada (el riesgo aumenta significativamente después de los 50 años)
Historia familiar (el riesgo aumenta 3-4 veces si un familiar directo padece DMAE)
Variantes genéticas, particularmente en genes como CFH, ARMS2/HTRA1, entre otros.
Factores de riesgo modificables:
Tabaquismo (incrementa por 2-4 veces el riesgo)
Dieta pobre en antioxidantes y ácidos grasos omega-3
Obesidad y enfermedades cardiovasculares
Exposición excesiva a la luz ultravioleta
Avances en el diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico temprano es fundamental para manejar eficazmente la DMAE:
Técnicas diagnósticas:
Examen oftalmológico completo con dilatación pupilar
Tomografía de coherencia óptica (OCT)
Angiografía con fluoresceína
Autofluorescencia del fondo de ojo
Tratamientos actuales:
Para DMAE húmeda: Inyecciones intravítreas de fármacos anti-VEGF (factor de crecimiento endotelial vascular) como ranibizumab, aflibercept o bevacizumab que inhiben el crecimiento de vasos sanguíneos anormales.
Para DMAE seca: Suplementación con combinaciones específicas de vitaminas y minerales (fórmula AREDS2: vitaminas C, E, zinc, cobre, luteína y zeaxantina) que pueden ralentizar la progresión en ciertos estadios.
Investigaciones prometedoras:
Terapias dirigidas a reducir la inflamación y el estrés oxidante
Terapia celular con trasplante de células EPR derivadas de células madre
Terapia génica para corregir defectos genéticos subyacentes
Dispositivos de visión artificial para estadios avanzados
Estrategias preventivas y recomendaciones
Aunque no es posible prevenir completamente la DMAE, ciertas medidas pueden reducir el riesgo o ralentizar su progresión:
Abandonar el tabaco: El factor de riesgo modificable más importante.
Alimentación saludable: Una dieta rica en frutas y verduras de hoja verde (espinacas, col rizada), pescados grasos (salmón, atún), nueces y semillas puede proteger contra la DMAE.
Control de enfermedades cardiovasculares: Mantener niveles saludables de presión arterial, colesterol y peso corporal.
Protección ocular: Usar gafas de sol con filtro UV al estar expuesto al sol.
Exámenes oftalmológicos regulares: Especialmente importantes después de los 50 años o si existe historia familiar de DMAE.
Vivir con DMAE: adaptación y rehabilitación visual
Para quienes conviven con DMAE, existen numerosos recursos para mantener la independencia:
Dispositivos de baja visión: lupas, telescopios, lectores electrónicos
Tecnologías asistivas: software de ampliación de pantalla, lectores de texto
Modificaciones en el hogar: mejora de iluminación, uso de contraste
Apoyo psicológico: fundamental para afrontar el impacto emocional de la pérdida visual
Conclusión
La DMAE representa una manifestación del envejecimiento celular en el sistema visual con profundas implicaciones en la calidad de vida. Mientras la ciencia avanza hacia tratamientos más efectivos, especialmente para la forma seca, la detección temprana y las estrategias preventivas siguen siendo nuestras mejores herramientas contra esta condición.
El creciente conocimiento sobre los mecanismos celulares del envejecimiento ocular proporciona esperanza para futuras intervenciones que puedan no solo detener, sino potencialmente revertir algunos aspectos de esta patología. Mientras tanto, la concienciación pública, los exámenes oftalmológicos regulares y un estilo de vida saludable continúan siendo pilares fundamentales en la lucha contra la DMAE.

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